Categoría: Fiscalidad

  • Fiscalidad como vehículo de libertad

    Fiscalidad como vehículo de libertad


    Fiscalidad como vehículo de libertad

    No viniste a este mundo para esconderte de Hacienda.
    Viniste a crear. A sostener. A decidir.


    1. ¿Y si te han contado la historia al revés?

    Desde pequeños nos enseñan que los impuestos son castigo.
    Algo inevitable, molesto, oscuro. Un peaje por participar en el sistema.

    Pero esa narrativa tiene trampa.
    Porque si crees que pagar es perder, entonces querrás escapar.
    Y al escapar, dejas de decidir.

    No entender la fiscalidad es dejar que otros elijan por ti: cuánto vales, cuánto aportas, a quién financias, qué país construyes.


    2. Libertad no es pagar menos. Libertad es saber por qué pagas.

    Cuando entiendes la lógica fiscal, dejas de sentirte víctima.
    Empiezas a jugar con estrategia.
    A construir desde la claridad.
    A exigir con legitimidad.

    Y eso cambia todo.

    Porque ya no huyes del sistema: te apropias de él.


    3. La trampa del cinismo fiscal

    Muchos te dirán:

    “¿Para qué pagar, si los políticos se lo roban?”

    Y aunque la crítica pueda ser legítima, también es estéril si no va acompañada de conciencia.

    Lo contrario del abuso no es la evasión.
    Es la exigencia activa, informada y colectiva.

    La única forma real de cambiar el uso del dinero público es conocer sus reglas, entender su origen y participar en su destino.


    4. Fiscalidad con sentido: el nuevo horizonte

    • Un empresario que entiende los incentivos fiscales puede crear empleo sin asfixiarse.
    • Un autónomo que planifica, puede crecer sin miedo a que el sistema le rompa.
    • Una sociedad que conoce sus cifras, puede defender con argumentos qué se financia y qué no.

    La fiscalidad no es el fin de la libertad. Es su infraestructura.


    5. El nuevo pacto: pagar con propósito

    Imagina esto:

    • Saber que cada euro que pagas contribuye a lo que sí quieres sostener.
    • Tener voz sobre el uso de los presupuestos.
    • Convertir tu contribución en una forma de coherencia personal y social.

    Eso es posible.
    Pero requiere una cosa que casi nadie se atreve a hacer: entender para decidir.


    SF360 existe para eso.
    No para que ames pagar.
    Sino para que lo hagas desde un lugar consciente, poderoso, libre.

    El objetivo no es pagar menos.
    Es vivir sabiendo por qué pagas lo que pagas.
    Y hacer que eso tenga sentido.


  • Autónomos en España

    Autónomos en España


    Autónomos en España: lo que nadie te explicó (pero deberías saber antes de darte de alta)

    Porque emprender no debería significar meterte en un laberinto fiscal del que solo sales con miedo o asesoría.


    Ser autónomo es una declaración de guerra pacífica

    Es decidir construir algo por tu cuenta.
    Y el sistema, en lugar de facilitarte el camino, te entrega una lista de modelos, siglas y sanciones.

    Si eres (o quieres ser) autónomo en España, esto es lo mínimo que debes saber para no naufragar en el primer trimestre.


    1. Alta en Hacienda y Seguridad Social

    Antes de emitir una sola factura, tienes que darte de alta en:

    • Hacienda (modelo 036 o 037): Defines tu actividad económica y tus obligaciones fiscales (IRPF, IVA, etc.).
    • Seguridad Social: Empiezas a pagar la famosa cuota de autónomos. En 2025, con el nuevo sistema de tramos, va desde 230 € hasta 500 € mensuales, según tus ingresos netos.

    2. Obligaciones fiscales básicas

    IRPF trimestral – Modelo 130

    • Si tributas por estimación directa, tienes que pagar el 20% de tu beneficio (ingresos – gastos) cada trimestre.
    • Presentación: abril, julio, octubre y enero.
    • Si has retenido IRPF en tus facturas (autónomos profesionales), puedes estar exento.

    IVA trimestral – Modelo 303

    • Declaras el IVA que has cobrado a tus clientes menos el que has pagado a tus proveedores.
    • También se presenta cada trimestre.
    • No todos los autónomos están obligados a cobrar IVA (ej: educación, sanidad), pero la mayoría sí.

    Resumen anual – Modelo 390

    • Es el resumen total de todo el IVA del año.
    • Lo presentas en enero del año siguiente.

    Operaciones con terceros – Modelo 347

    • Obligatorio si has tenido operaciones superiores a 3.005,06 € con un mismo cliente o proveedor durante el año.
    • Presentación: febrero.

    3. ¿Y si se me olvida presentar un modelo?

    Sanciones. Recargos. Intereses.
    Hacienda no perdona. Ni olvida.

    Por eso, si no llevas un control férreo (o un buen asesor), vas a pagar por el error, no por el delito.
    Y eso es lo que desespera a tantos autónomos: que el sistema parece más diseñado para castigar que para acompañar.


    4. ¿Se puede hacer solo?

    Sí, pero a costa de tiempo, energía y bastante margen de error.
    Lo mejor es entender el sistema, aunque luego delegues la ejecución.

    Porque si no sabes lo que firmas, estás trabajando gratis para Hacienda.
    Y si no entiendes los modelos, eres un pasajero sin control sobre tu propia nave.


    5. La gran trampa: pensar que emprender es solo crear

    No. En España, emprender es crear y sobrevivir a la normativa.
    Y hasta que eso no cambie, lo mínimo es saber las reglas del juego.


    Soluciones Fiscales 360 no quiere que ames Hacienda.
    Solo quiere que no seas su víctima silenciosa.
    Conoce tus modelos. Conoce tu juego. Y decide desde la conciencia, no desde el caos.


  • IVA

    IVA


    IVA: El impuesto invisible que todos pagamos (todo el tiempo)

    Cada vez que compras algo, pagas impuestos. Incluso cuando no lo sabes. Incluso cuando no puedes evitarlo.


    ¿Qué es el IVA?

    El Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) es un impuesto indirecto que grava el consumo. Lo pagas cuando compras cualquier bien o servicio: desde el pan hasta una consulta médica privada, desde una entrada de cine hasta una reforma en tu casa.

    No lo ves. No lo declaras. Pero lo pagas. Siempre.


    ¿Cómo funciona?

    El IVA se aplica en forma de porcentaje sobre el precio del producto o servicio. Hay tres tipos principales:

    • 21% → tipo general (la mayoría de productos)
    • 10% → tipo reducido (alimentos, transporte, hostelería…)
    • 4% → tipo superreducido (pan, leche, medicamentos, libros…)

    La empresa lo cobra al cliente y luego lo ingresa a Hacienda, descontando el IVA que ha pagado en sus compras. Así se crea una cadena que solo el consumidor final no puede romper.


    ¿Por qué es un impuesto «invisible»?

    Porque no lo notas. Porque está incluido en casi todo lo que consumes.
    Porque no requiere trámites, ni declaraciones, ni formularios.

    Y ahí está su fuerza… y su peligro.

    El IVA es el impuesto perfecto para recaudar mucho sin generar conflicto.
    Porque nadie lo discute. Porque todos lo asumen.
    Porque no parece un castigo, pero lo es.


    ¿Es realmente neutral?

    No. Aunque se presenta como un impuesto «neutral» —porque no distingue entre ricos y pobres— la realidad es otra:

    • Quien menos gana, dedica un mayor porcentaje de su renta al consumo.
    • Por tanto, el IVA afecta más a los que tienen menos.

    Ejemplo:
    Una persona que gana 1.000 € al mes puede gastar 900 € en bienes y servicios gravados con IVA.
    Otra que gana 5.000 €, puede gastar 2.000 € y ahorrar el resto.

    El resultado: el pobre tributa un 90% de su ingreso al consumo, el rico solo un 40%.
    ¿Eso es neutral? No. Es regresivo.


    ¿Qué dice el IVA sobre nuestras prioridades?

    Mucho.

    • Si el alcohol y los refrescos pagan el 21%, pero los medicamentos el 4%, estamos priorizando la salud.
    • Si los productos culturales tienen IVA reducido, pero las plataformas digitales pagan lo general, estamos diciendo algo sobre qué tipo de cultura queremos impulsar.
    • Si una vivienda nueva paga IVA, pero una de segunda mano no, estamos afectando directamente el acceso al mercado inmobiliario.

    El IVA no solo es técnica. Es ideología.
    Y lo que grava (o no) revela el sistema de valores de un país.


    ¿Y por qué debería importarte?

    Porque cada vez que consumes, participas en ese sistema.
    Porque no puedes escapar del IVA, pero sí puedes entender qué esconde.

    Y porque si no lo cuestionamos, seguimos aceptando un modelo que grava más al que menos tiene, simplemente por existir y consumir.


    SF 360 te muestra la verdad detrás de lo evidente:
    el impuesto más “neutral” es también el más insidioso.
    Y el más aceptado, el menos debatido… es quizá el que más deberíamos revisar.


  • IRPF

    IRPF


    IRPF: El impuesto que dice cuánto vales (según el Estado)

    No es solo cuánto ganas. Es cuánto consideran justo quitarte por ello.


    ¿Qué es el IRPF?

    El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es el tributo que grava tus ingresos. Lo pagas cada mes, aunque no siempre seas consciente. Te lo retienen de la nómina, lo liquidas como autónomo o lo ajustas cada año en la declaración.

    Es el impuesto estrella del sistema español. Y también, el más complejo, polémico y revelador.


    ¿Cómo funciona?

    El IRPF es un impuesto progresivo. Eso significa que cuanto más ganas, mayor porcentaje te quitan.
    Pero no se aplica un único tipo a todos tus ingresos, sino por tramos.

    Ejemplo simplificado:

    • Primeros 12.450 € → 19%
    • De 12.450 € a 20.200 € → 24%
    • De 20.200 € a 35.200 € → 30%
    • Y así hasta llegar a tipos del 45% o más, según la comunidad autónoma.

    Cada tramo se aplica solo sobre la parte del ingreso que cae en él. No es que todo tu sueldo tribute al 30% si pasas ese umbral. Pero el diseño de estos tramos influye en tu percepción de justicia (o castigo).


    ¿Por qué parece injusto?

    Porque muchas veces no distingue esfuerzo real de privilegio estructural.
    Porque dos personas con el mismo ingreso pueden pagar impuestos muy distintos según deducciones, situación familiar o fuente del ingreso.

    Y sobre todo:

    Porque te juzga por cuánto produces, no por cuánto aportas.

    Puedes estar sosteniendo una familia, creando empleo o desarrollando una idea que cambia vidas… pero si ingresas mucho, el sistema automáticamente te señala como “privilegiado” y te castiga con un tipo más alto.


    Deducciones: el laberinto moral

    El IRPF incluye deducciones por maternidad, inversión en vivienda, donaciones, planes de pensiones, etc.

    Eso suena bien. Pero también significa esto:
    El Estado decide qué comportamientos premia y cuáles ignora.

    ¿Tienes hijos? Te deducen.
    ¿Alquilas? A veces.
    ¿Inviertes? Depende de cómo y dónde.
    ¿Eres joven y emprendes? Buena suerte con eso.


    Mitos comunes del IRPF

    1. “Me subieron el sueldo y ahora cobro menos”
      → Falso. Es un tema de retenciones y ajustes. Nadie pierde dinero neto por subir de tramo.
    2. “Si gano más, me penalizan”
      → No exactamente. Pero la progresividad mal entendida puede desincentivar esfuerzos puntuales si no se acompaña de visión estratégica.
    3. “Los ricos no pagan IRPF”
      → Algunos sí. Pero muchos convierten ingresos en patrimonio, o usan estructuras que les permiten tributar menos. El juego se juega en otro tablero.

    ¿Qué revela el IRPF sobre el Estado?

    Que valora más la estabilidad que la iniciativa.
    Que cree que el éxito individual debe compensarse con contribución colectiva.
    Y que, muchas veces, prefiere castigar el ingreso que incentivar el impacto.


    SF360 no te dice si el IRPF es bueno o malo.
    Te dice esto:
    Si no lo entiendes, no puedes discutirlo. Y si no lo discutes, estás aceptando un sistema que decide por ti cuánto vales.


  • Del tributo al algoritmo

    Del tributo al algoritmo


    Breve historia de los impuestos: del tributo al algoritmo

    No hay imperio sin impuestos. Y no hay impuesto sin ideología.


    Todo empieza con una necesidad básica: controlar.

    Los impuestos no nacen por justicia. Nacen por necesidad.
    Para mantener ejércitos, levantar murallas, comprar favores. Desde las primeras civilizaciones, quien tenía el poder, cobraba.

    En el Antiguo Egipto, ya se exigían tributos en grano. En la Roma imperial, el census decidía cuánto debía pagar cada ciudadano según su riqueza… y su estatus. No era solo dinero. Era jerarquía.

    Los impuestos no eran universales. Eran personales. Y profundamente políticos.


    Edad Media: pagar por sobrevivir

    Durante siglos, los impuestos se convertían en un precio a cambio de protección.
    Los señores feudales cobraban a cambio de no invadirte. Los reyes, para financiar guerras eternas. Y si no podías pagar, ofrecías trabajo, tierra o sangre.

    Aquí nace una idea brutal:
    Los impuestos como sumisión.


    Revoluciones, burguesía y Estado moderno

    Con la Ilustración y las revoluciones liberales, algo cambia:
    La fiscalidad empieza a vincularse con el concepto de ciudadanía.

    “No taxation without representation.”

    El lema de la independencia americana no era solo una queja económica. Era un grito de soberanía: si pagamos, exigimos voz.

    En el siglo XIX nace el impuesto sobre la renta.
    Una idea “justa”: que quien más gana, más contribuya. Pero también una herramienta de control: ahora el Estado entra en tus ingresos, tus cuentas y tu vida.


    Siglo XX: la expansión fiscal

    Guerras mundiales, estado del bienestar, globalización…
    La maquinaria del Estado crece, y con ella la necesidad de recaudar más.

    Aparecen impuestos indirectos como el IVA, cotizaciones sociales, tasas especiales… y un sistema cada vez más complejo, lleno de excepciones y agujeros.

    Lo fiscal se convierte en laberinto. Y el ciudadano medio, en rehén de asesores.


    Hoy: el algoritmo fiscal

    Vivimos en la era del impuesto invisible y automatizado.
    Hacienda ya sabe casi todo antes de que declares.
    La IA revisa patrones. Los datos se cruzan. Y la fiscalidad ya no se negocia, se ejecuta.

    ¿Más eficiente? Sí.
    ¿Más transparente? Depende.
    ¿Más humano? No siempre.

    Hemos pasado del recaudador que tocaba a tu puerta al algoritmo que no necesita hacerlo.
    Pero la lógica de fondo sigue siendo la misma: el poder decide quién paga y cuánto.


    Entonces, ¿qué hemos aprendido?

    Que los impuestos son mucho más que dinero.
    Son el espejo del poder, del miedo, de la visión de mundo que cada época decide sostener.

    Y que si no entiendes su historia, estás condenado a repetir sus abusos.


    SF 360 no es solo una guía.
    Es un recordatorio:
    los impuestos no son inevitables, son diseñados. Y todo diseño puede ser cuestionado.


  • ¿Qué es la fiscalidad y por qué debería importarte?

    ¿Qué es la fiscalidad y por qué debería importarte?


    ¿Qué es la fiscalidad y por qué debería importarte?

    Porque no es solo lo que pagas: es lo que permites. Es la arquitectura invisible de la sociedad en la que vives.


    La mayoría de la gente oye “fiscalidad” y desconecta. Suena a papeleo, a obligación, a letra pequeña. A algo que hay que delegar, soportar o evitar.

    Y sin embargo, la fiscalidad es una de las herramientas más poderosas de transformación colectiva que existen.

    Sí, pagar impuestos duele. Pero lo que pocos se atreven a decir es esto:
    Más importante que cuánto pagas es para qué lo haces.
    Y aún más: cómo se decide lo que se paga y quién se beneficia de ello.


    Fiscalidad: no es técnica, es política

    La fiscalidad no es solo un sistema técnico para recaudar dinero. Es un sistema de prioridades.
    Cada impuesto es una declaración. Cada deducción es un premio. Cada exención es un mensaje de quién tiene el favor del sistema y quién no.

    Un país que grava más el trabajo que el capital está diciendo algo.
    Un país que premia tener propiedades pero castiga emprender también.
    La fiscalidad es el reflejo más fiel del alma política de un Estado.


    ¿Para qué existen los impuestos?

    En esencia, para financiar los servicios públicos: sanidad, educación, infraestructuras, seguridad, pensiones…
    Pero esa es solo la capa superficial. Los impuestos también sirven para redistribuir, incentivar o desincentivar comportamientos. Para proteger ciertos sectores, frenar el consumo de otros, moldear la economía.

    En otras palabras: los impuestos no solo recaudan. Diseñan.


    ¿Y por qué debería importarte?

    Porque si no entiendes la fiscalidad, no entiendes el sistema en el que vives.
    Porque cada euro que pagas (o no pagas) habla de ti.
    Porque cada norma fiscal que aceptamos sin mirar es una cesión de poder.

    Y porque en un mundo donde cada vez más decisiones se automatizan, entender las reglas fiscales es la última forma de resistencia consciente.


    Una última idea incómoda

    “Lo que no entiendes, te gobierna.”

    La fiscalidad no es para expertos. Es para ciudadanos.
    Es hora de dejar de delegarla.
    Es hora de mirarla a los ojos.

    Bienvenido a SF 360.
    Aquí no venimos solo a pagar. Venimos a entender.

  • La fiscalidad no se improvisa

    La fiscalidad no se improvisa


    La fiscalidad no se improvisa: úsala como estrategia, no como castigo

    Si solo piensas en impuestos cuando toca pagar, ya has perdido.
    La fiscalidad no es un castigo inevitable. Es una herramienta de poder. O la usas tú, o la usan contra ti.


    1. La gran mentira: “ya se verá en la renta”

    Muchos autónomos, empresarios y hasta directivos viven en modo reactivo:
    facturan, gastan, crecen… y cuando llega Hacienda, hacen números.

    Esa es la receta perfecta para el caos fiscal:

    • pagos imprevistos,
    • falta de liquidez,
    • sanciones por despistes,
    • y decisiones desesperadas.

    La fiscalidad, igual que la estrategia empresarial, se piensa antes, no después.


    2. ¿Qué significa usar la fiscalidad como estrategia?

    • Elegir bien la forma jurídica (autónomo vs. SL) según tus planes, no según el miedo.
    • Conocer tus márgenes fiscales antes de fijar precios.
    • Saber qué gastos puedes deducir legalmente y cuáles no, sin suposiciones.
    • Planificar cuándo cobrar y cuándo invertir para optimizar cada trimestre.
    • Estudiar dónde ubicas tu negocio (sí, el territorio también importa).
    • Entender qué impuestos puedes aplazar, fraccionar o minimizar de forma legal.

    Y sobre todo: ver tus datos fiscales como un mapa de decisiones, no como un parte de guerra.


    3. La fiscalidad como espejo de tu negocio

    Tus modelos fiscales no mienten:

    • Si pagas mucho, quizás estás generando bien… pero gastando mal.
    • Si pagas poco, quizás estás estancado, o estructurado de forma ineficiente.
    • Si siempre pagas “por sorpresa”, el problema no es el sistema: es la falta de visión.

    El IRPF, el IVA, el impuesto de sociedades… son indicadores, no enemigos.

    Te dicen algo.
    Y si no los escuchas, los acabarás sufriendo.


    4. No se trata de pagar menos. Se trata de entender más.

    Esta es la diferencia entre evasión y estrategia:
    La evasión te aleja del sistema. La estrategia te da poder dentro de él.

    Hay quien busca “trucos” para pagar lo mínimo.
    Y hay quien diseña su estructura para que cada euro tenga sentido.
    Tú decides en qué bando estás.


    5. Planificar es resistir

    En un entorno donde las normas cambian, las inspecciones aumentan y la complejidad crece, planificar no es un lujo. Es supervivencia con elegancia.

    Y es también una forma de no dejar que la fiscalidad sea solo un castigo.
    Sino una palanca real para crecer con orden, visión y consciencia.


    SF360 no viene a darte excusas.
    Viene a recordarte esto:

    Tu relación con los impuestos no define cuánto pagas, sino cuánto entiendes de ti mismo.


  • El futuro de la fiscalidad automatizada

    El futuro de la fiscalidad automatizada


    El futuro de la fiscalidad automatizada: eficiencia y conciencia

    Igual que el marketing ya no dispara al azar, la fiscalidad del futuro no puede recaudar a ciegas.


    Analogía directa:

    En marketing, la automatización ha sustituido las campañas masivas por acciones quirúrgicas, basadas en datos, comportamientos y predicciones. Se acabó gastar millones para ver qué funciona. Ahora se mide todo. Se ajusta todo. Se optimiza en tiempo real.

    La fiscalidad aún vive en la era del flyer impreso.
    Pero eso está cambiando.

    Con la digitalización, los algoritmos y el cruce de datos, el Estado ya no necesita preguntarte cuánto ganas: lo sabe. Ya no necesita esperar tu declaración: puede anticiparse. La recaudación se vuelve automática, pero también invisible.

    Como en el marketing, el futuro fiscal se juega en dos palabras:

    Eficiencia

    Cobrar más rápido. Con menos errores. Con menos fraude.

    Conciencia (Insights)

    Saber no solo cuánto recaudas, sino de quién, por qué, con qué impacto social.
    Saber qué sectores sostienen el sistema… y cuáles lo esquivan.


    En el marketing, los datos crean oportunidades.
    En la fiscalidad, los datos deberían crear justicia.

    El problema no es la automatización. El problema es si seguimos automatizando un sistema ciego, opaco o injusto.

    Porque automatizar sin revisar la lógica detrás es multiplicar errores con precisión quirúrgica.


    SF360 lo tiene claro:
    La fiscalidad del futuro no será solo más rápida. Será más consciente.
    Y si no lo es, será más peligrosa.


  • Fiscalidad 2025 lo que viene…

    Fiscalidad 2025 lo que viene…


    Fiscalidad 2025: lo que viene, lo que cambia, lo que asusta

    2025 no será un año neutro. La fiscalidad está mutando, y quien no lo vea, lo va a pagar —literalmente.


    1. Lo que viene: automatización total

    Hacienda ya no espera a que declares.
    En 2025, la fiscalidad se vuelve predictiva, proactiva y silenciosa.

    • Más cruces de datos en tiempo real.
    • Más presión sobre autónomos con ingresos digitales.
    • Más modelos pre-rellenados y menos margen para “interpretar”.

    El discurso es eficiencia. La realidad, control.
    Y si no entiendes tus números, el algoritmo decidirá por ti.


    2. Lo que cambia: tributación del trabajo, capital y criptomonedas

    ➤ Trabajo:

    El nuevo sistema de tramos para autónomos sigue generando desigualdad encubierta.
    Cotizas según previsión, no realidad. Y el margen de error lo pagas tú.

    ➤ Capital:

    Se endurecen las inspecciones sobre dividendos, alquileres y plusvalías.
    El foco ya no está en lo que facturas, sino en lo que acumulas.

    ➤ Cripto y activos digitales:

    2025 es el año del cerco definitivo.
    Tienes que declarar saldos, movimientos y origen de fondos.
    Y no hacerlo ya no es error: es delito.


    3. Lo que asusta: la percepción de justicia se rompe

    El ciudadano medio siente que paga mucho y recibe poco.
    El empresario siente que arriesga todo y es penalizado por crecer.
    Y el que tiene mucho, paga poco… legalmente.

    Ese es el verdadero miedo fiscal de 2025:
    no que suban los impuestos, sino que la narrativa se rompa del todo.


    4. ¿Qué no te están contando?

    • Que la fiscalidad ya no se decide solo en tu país: Europa, OCDE y big data global ya están escribiendo las normas.
    • Que los incentivos a empresas verdes, tecnológicas o innovadoras están diseñados para unos pocos que saben cómo entrar.
    • Que cada vez que consumes, pagas más impuestos que cuando produces.

    5. ¿Y qué puedes hacer tú?

    No improvises.
    No te dejes llevar por titulares.
    No esperes a que Hacienda te avise.

    Conoce tus modelos. Conoce tus números. Y sobre todo: conoce las reglas antes de que te las impongan sin aviso.


    SF360 no predice el futuro.
    Lo señala antes de que te aplaste.

    Fiscalidad en 2025 no será más difícil.
    Será más fina, más rápida y más despiadada.
    Lo que cambia no es el sistema.
    Es que ahora te va a mirar antes de que tú lo mires a él.