“Hacienda somos todos”.
Una de las frases más repetidas en la historia reciente de España.
Un eslogan que pretendía despertar conciencia cívica y acabó convertido en chiste de sobremesa.
La pregunta es inevitable:
si Hacienda somos todos… ¿Quién decide qué somos?
El origen de un lema
El eslogan nació en los años 70 como campaña publicitaria. Una frase simple, casi inocente, que buscaba recordarnos que pagar impuestos no era una carga, sino un deber compartido.
Era marketing institucional en estado puro: convertir la recaudación en un acto de comunidad.
Pero la vida real es menos estética:
- Mientras a un autónomo le embargan por 300€,
- una multinacional diseña estrategias fiscales internacionales que reducen su tipo efectivo al 3%.
- Y mientras tú calculas si desgrava el alquiler, otros negocian directamente las reglas del juego en despachos de Bruselas o Luxemburgo.
Entonces, ¿de qué “todos” hablamos?
El espejismo de la comunidad fiscal
La frase apela a un sentido de comunidad: todos ponemos, todos recibimos.
El problema es que ese “todos” nunca es simétrico.
- No aporta lo mismo quien depende de una nómina que quien reparte beneficios en paraísos fiscales.
- No soporta la misma presión quien factura 20.000€ como autónomo que quien mueve 200 millones en ingeniería financiera.
- Y, sobre todo, no decide lo mismo quien solo puede obedecer las normas que quien tiene el poder de escribirlas.
“Hacienda somos todos” se convierte, entonces, en narrativa fiscal: un relato diseñado para mantener la idea de igualdad… mientras la práctica demuestra desigualdad.
La verdadera pregunta
No se trata de negar los impuestos. Los impuestos son la base de cualquier sociedad organizada.
La cuestión es otra:
¿qué tipo de comunidad queremos construir con ellos?
Porque detrás de cada artículo fiscal hay una visión del mundo:
- ¿Queremos un modelo que financie servicios públicos sólidos o uno que premie la deslocalización?
- ¿Queremos proteger al pequeño emprendedor o garantizar privilegios a quien ya concentra poder?
- ¿Queremos un sistema que eduque en responsabilidad o uno que infantilice con miedo y sanciones?
El relato como arma
Las frases que repetimos importan. Moldean la percepción colectiva.
“Hacienda somos todos” no describe la realidad, la fabrica.
Nos invita a ver la fiscalidad como un deber moral compartido… pero nunca habla del lado incómodo: la asimetría estructural.
Y es precisamente ahí donde nace la desconfianza ciudadana.
ReflexiónSF360
La próxima vez que escuches “Hacienda, somos todos”, pregúntate:
¿estoy en el grupo que paga, en el que diseña o en el que se esconde?
Porque la fiscalidad no es neutra.
Es el espejo más claro de quien decide qué somos como sociedad.
Preguntas más frecuentes
¿De dónde viene el eslogan “Hacienda somos todos”?
De una campaña publicitaria de la Agencia Tributaria en los años 70, pensada para fomentar el cumplimiento voluntario de la renta.
¿Por qué se critica esta frase?
Porque sugiere igualdad de cargas cuando, en la práctica, existen enormes asimetrías entre contribuyentes.
¿Somos realmente “todos” los que pagamos impuestos?
Todos contribuimos en alguna medida (IVA, IRPF, cotizaciones), pero las grandes corporaciones y fortunas tienen herramientas para minimizar su aportación efectiva.
¿Qué enseña este debate sobre fiscalidad?
Que los impuestos no son solo números: son un relato de justicia, poder y modelo social.
Los impuestos son el lenguaje con el que un país escribe quién es y qué quiere ser.
